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El Valencia sacó desde el inicio algo que en los últimos partidos parecía haber pasado al olvido. Carácter. Sabían los blanquinegros cuáles eran las claves para intentar echar abajo la muralla escocesa, acabar con su resistencia y encontrar caminos, senderos, pasos libres hacia la portería. Primero, tener paciencia; cocer cada jugada sin prisas, sin nerviosismo. Segundo, evitar buscar esas vías de entrada al área de los «Gers» por el centro. Mata y Joaquín, ayudados por Mathieu y Miguel buscaron centros, diagonales y pases interiores a los dos puntas. Y tercero, lo dicho, carácter, garra y nada de amilanarse ante un equipo duro que avisó de su peligro a la contra con una jugada individual de Naismith que hizo temblar el palo de César. Fue, después de varios intentos, en un córner, cuando Soldado aprovechó un balón rechazado para marcar y evitar signos ansiedad.
El Rangers no cambió su patrón en el segundo acto. Cinco defensas. Cuatro peleones en la medular y a esperar. El Valencia dominó sustancialmente el partido y remató a los escoceses en una jugada a la contra dirigida por Mata y materializada por Soldado. Antes de acabar, Naismith volvió a ver el palo y Tino Costa le respondió con otro tanto che a la contra. Justo triunfo con el corazón.
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