El Granada era un juguete en manos de un Valencia que se sabía superior. Piatti y Soldado pudieron incrementar la ventaja local. Los andaluces poco a poco se fueron metiendo en el partido a base de incrementar una posesión que en los primeros minutos había sido casi exclusiva de los valencianistas.
Los andaluces comenzaron a triangular bien pero adolecieron de llegada, ya que Guaita apenas tuvo que intervenir en el primer tiempo. El Valencia cayó en la relajación y sus aproximaciones al área rival fueron más contadas aunque siempre con más sensación de peligro que las de su rival.
En la reanudación, el Valencia seguía jugando muy fácil pero no terminaba de concretar su superioridad en el marcador. El Granada comenzó a creer en sus posibilidades ante un rival acomodado que provocó los silbidos en la grada. El larguero impidió el empate del Granada, en el ecuador del segundo acto, en un remate de cabeza de Iñigo López, que despertó al Valencia que, en la jugada siguiente, disfrutó de un claro contragolpe para marcar el segundo.
El conjunto de Mestalla le imprimió más velocidad en su juego y buscó con más continuidad el segundo tanto que le permitiera afrontar con tranquilidad la recta final del partido.
Pero la animosidad valencianista se diluyó rápidamente. Fue el Granada el que le puso más casta en busca de un gol y le metió el miedo en el cuerpo a un Valencia timorato, que acabó sumando los tres puntos en un partido discreto, en el que dio la sensación de que pudo golear y en el que acabó pidiendo la hora.
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